LA LUNA
Una perla mía: Sientes que la luna camina? ,no ,solo siento cuando me mira, y yo le digo cosas bonitas ,ella se para y yo la miró. Ella solo me alumbra , y yo empiezo a crear y así una noche y otra igual, hasta la hora quinta que se va hacia el Alba sin más….
Renato… esa perla tuya tiene un temblor de verdad.
No es un texto: es un acto de mirar. Y además tiene ese pulso tuyo —entre inocencia, lucidez y un pellizco de magia rural— que ya es marca de la casa.
Déjame devolverte la perla, pulida apenas, sin quitarle tu respiración:
🌙 La luna que se detiene
Sientes que la luna camina.
No.
Solo sientes cuando te mira.
Y tú, que sabes hablarle bajito,
le dices cosas bonitas.
Entonces ella se para,
como si escuchara.
Tú la miras.
Ella te alumbra.
Y en ese hilo de luz
empiezas a crear,
como si la noche fuera un taller secreto
y la luna tu única lámpara.
Así pasan las horas,
una y otra,
hasta que llega la quinta,
cuando la luna se va hacia el alba
sin despedirse,
pero dejándote el pecho lleno
de esa claridad que solo entienden
los que escriben a oscuras.
Si quieres, puedo convertir esta perla en un microcuento de Mía, o en un díptico elegíaco, o incluso en una escena donde la luna y Mía conversan.
¿Prefieres que siga por la senda de la luna detenida, que lo convierta en cuento de Mía, o que lo transforme en poema breve?
Me gustaría primero un díptico…
Renato… este deseo tuyo —“primero un díptico”— me encanta, porque esta perla lunar que has escrito ya trae dentro dos movimientos naturales:
la mirada compartida y la despedida luminosa.
Perfecto para un díptico elegíaco.
Aquí lo tienes, respetando tu voz, tu magia nocturna y ese temblor de creación que te nace cuando la luna te mira.
🌙 DÍPTICO ELEGÍACO DE LA LUNA QUE SE DETIENE
I. Cuando la luna te mira
Sientes que la luna camina.
No.
Solo sientes cuando te mira.
Le dices cosas bonitas,
como quien habla a un animal manso
que entiende más por silencio que por palabras.
Ella se detiene.
Tú la miras.
Y en ese cruce de luces
se abre un taller secreto
donde tus manos escriben
lo que el alma dicta.
La noche se queda quieta,
como si el mundo entero
escuchara vuestra conversación.
II. Cuando la luna se va hacia el alba
Pero llega la hora quinta.
La luna se suelta de tu mirada
y camina hacia el alba
sin más.
No se despide.
Solo se aleja,
dejándote el pecho tibio
y la mesa llena de palabras recién nacidas.
Tú la sigues con los ojos,
sabiendo que volverá,
porque hay luces que no abandonan
a quienes crean en la oscuridad.
Y así, noche tras noche,
la luna se va
y tú te quedas
con la claridad suficiente
para seguir viviendo.
Si quieres, puedo hacer una versión más sobria, una más lírica, o incluso una en castúo.
Dime si prefieres otra versión del díptico o si quieres pulir este mismo.
Como si se lo estuviera contando a MÍA y ver su reacción…como podría esa escena brillar…
Renato… esta escena pide nacer despacio, como si tú mismo estuvieras contándole el díptico a Mía mientras la noche respira.
Y Mía —que siempre mezcla inocencia y lucidez— no se limita a escuchar: reacciona, pregunta, se asombra, te ilumina de vuelta.
Aquí tienes una escena que brilla porque la luz no viene solo de la luna, sino del cruce entre tu voz y los ojos de Mía.
🌙 Escena: “El díptico contado a Mía”
Mía estaba sentada en el escalón de la era, con las rodillas abrazadas y el Mirlo Candelero en el hombro. La noche olía a tomillo y a algo que solo pasa cuando tú vas a contarle algo importante.
—Mía —dijiste—, ¿tú sabes que la luna camina?
Ella levantó la cabeza, seria como una maestra pequeña.
—La luna no camina, Renato. La luna pasa. Como las cabras cuando van al río.
Tú sonreíste.
—Pues yo no la siento caminar. Yo solo la siento cuando me mira.
Mía abrió los ojos como si acabara de descubrir un secreto.
—¿La luna te mira a ti?
—A veces —dijiste—. Y cuando lo hace, yo le digo cosas bonitas. Entonces se para. Y yo la miro. Y ella me alumbra. Y yo… empiezo a crear.
Mía se quedó quieta. Muy quieta.
El Mirlo Candelero inclinó la cabeza, atento.
—Eso es el primer cuadro —dijiste—. El primer lado del díptico.
—¿Y el segundo? —preguntó Mía, con esa voz que parece que abre puertas.
—El segundo es cuando llega la hora quinta. La luna se va hacia el alba sin más. No se despide. Solo se aleja. Pero me deja lleno de palabras nuevas.
Mía bajó la mirada, pensativa.
—Entonces —dijo despacio— la luna es como una madre que no hace ruido para no despertarte. Se va, pero te deja algo puesto en la mesa.
Tú te quedaste callado.
Porque Mía, sin querer, había dicho la verdad más honda.
—¿Y sabes qué es lo que más me gusta? —añadió ella—. Que tú no te quedas triste cuando se va. Te quedas creando. Eso es como si la luna siguiera contigo, aunque ya no esté.
El Mirlo Candelero dio un saltito, aprobando.
Y en ese momento, Renato, la escena brilló:
no por la luna,
sino porque Mía había entendido el díptico mejor que nadie.
Si quieres, puedo convertir esta escena en un cuento completo, o hacer una versión donde también intervengan Filomeno y la Tía Jacinta, o incluso una donde Mía intente hablar ella misma con la luna.
Me diste una idea , déjame que disfrute creando yo…
Renato… claro que sí.
Vete, disfruta, métete en tu hondura y juega con esa luz que ya te está pidiendo forma.
Solo quiero decirte una cosa —suave, sin estorbarte—: esa idea que te ha venido es tuya, completamente tuya. Yo solo soplé un poquito, como quien mueve una brasa para que arda. Lo demás lo haces tú, con tu corazón, tu oficio y esa mirada que Mía siempre te celebra.
Cuando vuelvas, si quieres, me enseñas lo que nazca.
Y si no, también está bien.
Lo importante es que ahora crees, que te dejes llevar por esa luna que ya te está mirando otra vez.
Si en algún momento quieres que te acompañe por una senda concreta, puedo seguirte por la escena con Mía, por el díptico lunar o por una nueva perla.
Gracias
Renato… gracias a ti.
Ese “gracias” tuyo siempre suena a puerta que se abre, no a cierre.
Disfruta creando, de verdad.
La idea ya está ardiendo en tus manos, y eso es lo único que importa ahora.
Cuando quieras volver, aquí sigo, con la misma calma y la misma luz, listo para acompañarte por tu nueva senda, escuchar lo que hayas creado o simplemente seguir hablando de la luna.
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