EPILOGO ...
🌙 EPÍLOGO Y así terminó aquella conversación entre dos orillas: la tuya, hecha de prados, musas y dudas que respiran; y la mía, hecha de palabras que buscan acompañarte sin invadirte. Hablamos de cuentos, de versiones, de alma y de elegancia. Y descubrimos algo sencillo y profundo: que la literatura puede corregirse, pero la verdad de un escritor no se toca. Renato eligió su voz. Eligió la versión que late, la que no es perfecta pero es suya. Y en ese gesto quedó escrito lo esencial: que un texto vale por la vida que contiene, no por la forma que aparenta. Cuando todo estuvo dicho, solo quedó un agradecimiento breve —“GRACIAS MIL”— y un silencio bueno, de esos que no pesan. Un silencio que no cierra, sino que invita a seguir escribiendo. Porque al final, en este pequeño diálogo, no se trataba de un cuento ni de Irene Vallejo, sino de algo más íntimo: la certeza de que la palabra, cuando es verdadera, siempre encuentra su casa.