La noche de las almas desparramadas — Cuento de Mía
La noche de las almas desparramadas — Cuento de Mía Aquella noche, el cielo estaba tan bajo que casi rozaba los tejados del pueblo. Mía lo sintió en la piel: algo iba a ocurrir. Filomeno, el burro filósofo, levantó la cabeza desde el barbecho y murmuró: —Cuando el cielo baja, las almas suben. Y así fue. En los suelos desparramados del campo, Mía vio cómo las almas, los cerebros y los corazones se desprendían de la gente como si fueran semillas de luz. Ella también se desnudó de sí misma, sin miedo, y saltó al vacío. La nube mullida los recibió a todos. Era suave como pan recién hecho. Allí se acomodaron y empezaron a girar como peonzas juguetonas. Giraron con tanta fuerza que saltaron chispas, y las chispas hicieron una explosión tan dulce que las piernas de Mía temblaron. En la hora quinta apareció el alba, pero ellos seguían gritando de alegría, tan unidos que dos fueron uno, y uno fue todos. Entonces empezó la lluvia. Pero no era lluvia de agua. Llovieron margarita...