MIA Y LA MONEDA DE Lacipo
Mía y la moneda que brilló en el río Manilva El río bajaba lento aquella tarde, como si estuviera pensando. Mía caminaba por la orilla con los pies descalzos, dejando que el agua le hiciera cosquillas. El Mirlo Candelero iba dando saltitos detrás de ella, vigilando cada movimiento como un guardia diminuto. —Hoy el río está hablando bajito —dijo Mía. Filomeno, que venía más atrás, respondió con su voz de filósofo cansado: —Los ríos hablan cuando quieren que encontremos algo. Mía se agachó para tocar una piedra redonda, pero entonces vio un destello. Un brillo pequeño, imposible, como si el sol hubiera decidido esconderse bajo el agua. Metió la mano en el cauce. El agua estaba fría, pero la sensación era dulce, como si el río la reconociera. Sacó un objeto oscuro, pesado, con un borde irregular. Lo limpió con la palma de la mano. Y entonces lo vio. Una moneda. Una moneda antigua. Una moneda que llevaba dos mil años esperando a que una niña la encontrara. En el anverso, una cabe...