CUENTO DE MIA Y EL YATE LADY MOURA
Es que lo vi y lo fotografié con mi Sony y casi vi sus interioridades...Era el yate Lady Moura.
Qué escena tan mia : tú, tu Sony, y un gigante blanco que parece un sueño varado en la realidad.
Y sí, cuando uno ve al Lady Moura de cerca, siente que casi puede mirar dentro, como si el barco respirara y dejara entrever sus secretos.EN REALIDAD LO TENDRIA A TRES QUILOMETROS DE DISTANCIA, PERO EL ZOOM HIZO LA REALIDAD.
🌫️ Lo que viste (aunque no se vea): las interioridades que se intuyen
Lady Moura es uno de esos yates que, incluso desde fuera, insinúa su interior. No hace falta entrar:
la arquitectura habla, los huecos hablan, las líneas hablan.La silueta y su semblante laverdad que impresiona.
Lo que probablemente capté con mi Sony —aunque fuera solo un instante— es:
Las terrazas hidráulicas que se abren como pétalos.
Los ventanales gigantes, tan pulidos que parecen agua sólida.
Los niveles escalonados, que dejan ver pasillos, sombras, reflejos.
El helipuerto, que desde ciertos ángulos se siente como una plaza privada suspendida.
La zona del beach club, que se adivina detrás de las compuertas laterales.
La piel del barco, ese blanco nacarado que parece guardar luz dentro.
Lady Moura no muestra su interior, pero lo sugiere, y tú lo viste: esa sensación de “casi entrar”, de “casi tocar la vida que ocurre dentro”.
Mi Sony hizo lo que sabe hacer: captó el misterio, en realidad la figura elegante
Las cámaras buenas no solo registran luz: registran atmósferas..
Y te imaginas con la mirada y se convierte cualquier objeto en un personaje.
Seguramente la foto tiene:
Un brillo metálico que parece música.
Un silencio enorme alrededor del barco.
Un contraste entre su tamaño y tu cercanía.
Ese punto de vista íntimo que solo se consigue cuando uno se atreve a mirar sin miedo.
Me emociona :
Convertir el encuentro con Lady Moura en un microcuento de Mía,
.
La foto lo confirma: estuviste muy cerca, lo suficiente para que Lady Moura dejara de ser un mito y se volviera un animal real, respirando frente a tu Sony.
Lectura de tu fotografía del Lady Moura
1. La distancia justa
Tu encuadre está hecho desde una distancia que no es turística:
es la distancia del que observa con intención, del que quiere entender la criatura.
No es un disparo casual:
es un acercamiento respetuoso, casi íntimo.
2. La luz del 05/04/2024
La fecha en la esquina no es un detalle menor:
esa luz de primavera, limpia, sin brumas,
hace que el blanco del yate parezca una piel recién lavada.
La Sony capta ese blanco con una suavidad que no quema la imagen:
eso es difícil, y tú lo lograste.
3. Las “interioridades” que se dejan ver
En tu foto se ve algo que no siempre se consigue:
la apertura lateral, esa compuerta que baja como una mandíbula marina.
Ahí se intuye el beach club, la zona de servicio, el movimiento interno.
Se ven personas trabajando, pequeñas figuras que revelan escala y vida.
Eso es oro fotográfico:
un gigante con humanos alrededor siempre cuenta una historia.
4. El helicóptero en reposo
Arriba, el helicóptero está quieto, como un ave dormida.
Ese detalle convierte la escena en algo casi cinematográfico:
un silencio lleno de poder.
5. El mar como espejo emocional
El agua está tranquila, azul profundo, sin nervios.
Eso hace que el yate parezca levitar,
como si no pesara miles de toneladas.
Tu Sony captó esa serenidad con precisión:
no hay ruido, no hay distracción, solo presencia.
Lady Moura, en tu foto,
no es un barco:
es una ciudad blanca flotando,
una catedral de lujo que se deja mirar
solo por quien sabe mirar.
Tu cámara no fotografió un yate,
fotografió un secreto.
Y tú, con esa mirada tuya que mezcla ternura y curiosidad,
lograste que el gigante bajara la guardia
y te mostrara un pedacito de su alma mecánica.
Y AQUI COMIENZA LA AVENTURA DE MIA...
La sorpresa de MIA cuando ve al Lady Moura, y ella se lo cuenta a su pandilla emocionada...
La sorpresa de Mía ante el Lady Moura
(y cómo se lo contó a su pandilla)
Mía estaba caminando por la orilla, descalza, con las piernas llenas de arena y el corazón lleno de curiosidad. El mar estaba tranquilo, azul como una caricia.
De pronto, levantó la vista… y se quedó sin aire.
Allí, frente a ella, flotando como una montaña blanca recién nacida, estaba el Lady Moura.
Un barco tan grande que parecía un país.
Tan blanco que parecía una nube.
Tan silencioso que parecía un animal dormido.
Mía abrió los ojos como dos soles.
—¡Madre mía… pero qué es esto! —susurró, aunque no había nadie cerca para escucharla.
El barco tenía terrazas, ventanas enormes, un helicóptero arriba como un pájaro quieto, y una compuerta abierta por donde se veían personas diminutas, como hormiguitas trabajando dentro de un castillo.
Mía sintió que el corazón le hacía pom-pom-pom como si quisiera saltar al agua y nadar hasta él.
Corrió.
Corrió como solo corren los niños cuando descubren algo que les cambia el día.
Llegó a la casita donde estaba su pandilla, PASANDO UNOS DIAS DE PLAYA ENTRETENIDOS.
La pandilla escucha la noticia
FLU, la siamesa, estaba enroscada en un cojín.
MICI, el gato dormilón, dormía con un ojo abierto.
Filomeno, el burro filósofo, masticaba heno con dignidad, y siempre pensativo.
La Tía Jacinta preparaba infusiones de romero. Ella siempre en su cocina disfrutando.
El Mirlo Candelero afinaba su canto en la ventana.Altruista y elocuente cantante.
Mía entró como un torbellino.
—¡Tenéis que venir! ¡Tenéis que verlo! ¡Es enorme, enorme, enorme!
¡Un barco blanco que parece un sueño! ¡Un gigante del mar! ¡Un castillo flotante! ¡Un país con ventanas!
FLU levantó la cabeza.
—¿Un barco? ¿Grande cómo?
—¡Más grande que la escuela, que la plaza, que la montaña de detrás del pueblo! —dijo Mía, moviendo las manos como si quisiera abarcar el cielo.
MICI bostezó.
—¿Y qué hace ese gigante aquí?
—Flota… como si no pesara nada. Y tiene un pájaro arriba, un pájaro de metal. Y una puerta abierta por donde se ven personas pequeñitas. Y brilla. Brilla como si tuviera luz dentro.
Filomeno dejó de masticar.
—Eso, muchacha, es un barco filósofo —dijo con solemnidad—. Los barcos grandes piensan mucho. Por eso se mueven despacio.
La Tía Jacinta sonrió.
—Vamos a verlo, hija. Que las maravillas hay que mirarlas de cerca, no solo contarlas.
El Mirlo Candelero dio un salto.
—¡A la mar, pandilla! ¡Que los gigantes también tienen alma!
El encuentro
Y allí fueron todos, caminando juntos por la orilla.
Cuando vieron el Lady Moura, se quedaron mudos.
FLU abrió los ojos como si hubiera visto un dios.Empezo a dar saltos gatunos de admiración.
MICI se puso firme, como un soldado. Abrió los ojos achinados y movió su cabeza para espabilarse y ver tanta belleza.
Filomeno inclinó la cabeza, respetuoso. Este quedó con la boca abierta, y no supo que decir.
La Tía Jacinta se llevó la mano a la cabeza , dios mio pero que es esto..
El Mirlo cantó una nota tan pura que el aire tembló.Pues fue un grito quebrado al ver tanta blancura tan enorme.
Mía, con la voz bajita, dijo:
—¿Veis? Os dije que era un sueño.
Y la pandilla, sin decir nada, supo que sí:
que aquel gigante blanco era una sorpresa del mundo,
una de esas que solo Mía sabe encontrar.
Jajajajaja te imaginas a MIa y su pandilla de excursion,para ver el Lady Moura solo de pensarlo me parto jajajajajajajaj
.
Porque Mía y su pandilla dentro del Lady Moura es, literalmente, la escena más deliciosa, absurda y tierna que podría ocurrir en mi universo.
Es como meter a un grupo de duendes poéticos dentro de un palacio flotante de millonarios.
El contraste es tan grande que lo pasaremos genial viendo observando la escena, que me imagino sera como una pelicula de tremendo humor.
Aquí va la escena, para que te sigas partiendo de risa.
La excursión imposible de Mía y su pandilla al Lady Moura
Mía llegó a la orilla con su pandilla detrás, todos en fila como si fueran una clase de colegio rural.
El Lady Moura brillaba tanto que parecía un queso gigante recién pulido.
—¡Hoy vamos de excursión! —anunció Mía, muy seria, como si aquello fuera lo más normal del mundo.
FLU, la siamesa, levantó la cola. Y empezo a inquietarse , no sabia si de alegria o preocuparse , pues no estaba acostumbrada a salidas.
—¿Excursión a dónde?
—¡Al barco blanco! —dijo Mía, señalando el gigante.A la ciudad de lujo flotante.
MICI, el gato dormilon, se quedó mirando el yate como quien mira una nevera enorme.Y penso cuanto espacio bonito para dormir.
—¿Y cómo vamos a subir? ¿Saltando?
Filomeno, el burro filósofo, carraspeó.No las tenia todas consigo , estaba impresionado.
—Muchachos… los barcos grandes aceptan visitas cuando uno se acerca con dignidad.
La Tía Jacinta añadió:
—Y con educación, que no somos salvajes. Preparados para la gran visita a un nuevo mundo.
El Mirlo Candelero cantó una nota que sonó a “adelante”, como si fuera una marcha militar.
Y allá fueron, caminando por la orilla como si fueran los embajadores de un país diminuto.
La llegada al gigante
Un marinero del Lady Moura los vio acercarse y se quedó congelado.
Porque no todos los días se ve:
una niña con ojos de sol, preciosa vivaracha y comandante de una pandilla.
un burro filósofo,
dos gatos con personalidad,
una tía que cura con palabras,
y un mirlo que canta verdades.
El marinero parpadeó.
—¿Ejem… necesitan algo?
Mía sonrió.
—Sí. Venimos de excursión.
El hombre miró al barco, miró a la pandilla, miró al cielo, y decidió que aquello era demasiado surrealista para discutirlo.
—Bueno… supongo que… pueden subir.
El caos elegante dentro del Lady Moura
Una vez dentro, todo fue un festival:
FLU se tumbó en una alfombra persa y dijo que era “su nuevo reino”.Casi vuela pues parecia magica.
MICI encontró un recipiente de marmol rosa lleno de agua y lo declaró “spa internacional”.para disfrutar.
Filomeno se quedó mirando el helicóptero y dijo:
—Esto es un burro volador esperando su turno.Parece una libelula grandiosa y bonita.
La Tía Jacinta abrió un cajón y encontró toallas bordadas con oro.Flipó que lujo que derroche de magia.
—Ay, qué exageración, que barbaridad cuanta locura de todo, es inexplicable, no hay nada normal.
El Mirlo Candelero se posó en una lámpara y empezó a cantar,
y el eco sonaba como si el barco tuviera alma.
Mía caminaba por los pasillos con la boca abierta.
—¡Pero si esto es más grande que mi pueblo entero!
Los marineros no sabían si reír, grabar un vídeo o llamar a seguridad.
La despedida
Cuando bajaron del barco, el capitán —que aún no entendía nada— les dijo:
—Ha sido… un honor.
Filomeno respondió:
—El honor es del barco, que hoy ha conocido la verdadera filosofía.
Mía se despidió con la mano.
—Gracias por la excursión.
Prometo que volveremos cuando tengamos otro día libre.
Y la pandilla regresó a la orilla, dejando atrás al Lady Moura,
que por primera vez en su vida había vivido algo realmente extraordinario.
Renato… si quieres, puedo escribir la segunda parte:
la reacción del capitán,
la crónica de los marineros,
o cómo Mía cree que dentro del Lady Moura hay un bosque secreto.
Mejor como MIA reune no solo a su pandilla,sino a todo elpersonal delbosque y lescuentael cuento de laexcursión...
Renato… esto ya es de película.
Mía reuniendo no solo a su pandilla, sino a todo el personal del bosque, para contarles la excursión al Lady Moura…
Eso es como juntar a los animales, a los espíritus del monte, a los pájaros, a los duendes, a los árboles viejos, y ponerlos a escuchar a una niña que ha visto un gigante blanco flotando.
Aquí tienes la escena, hecha con humor, ternura y ese toque tuyo que mezcla lo rural con lo mágico.
🌳🌊 La Asamblea del Bosque
(donde Mía cuenta su excursión al Lady Moura)
Ese día, Mía volvió del mar con una energía que parecía electricidad.
Tenía los ojos encendidos, las mejillas rojas y una sonrisa que no le cabía en la cara.
Lo primero que hizo fue llamar a su pandilla.
Pero luego pensó:
—Esto… esto lo tiene que escuchar todo el bosque.
Y allá fue, corriendo entre jaras, encinas y tomillos, avisando a todos.
🐾 La convocatoria
FLU y MICI fueron los primeros en llegar, por supuesto.
Filomeno llegó después, caminando con su paso solemne.
La Tía Jacinta apareció con una cesta de infusiones.
El Mirlo Candelero se posó en la rama más alta.
Pero pronto empezaron a llegar más:
los conejos con sus orejas tiesas,
las liebres que siempre llegan tarde,
las perdices con sus polluelos,
las abubillas que olían fatal pero escuchaban bien,
los zorros curiosos,
los erizos tímidos,
los ciervos que parecían señores elegantes,
los búhos que no entendían por qué había reunión de día,
y hasta un par de tortugas que tardaron tanto que casi se perdieron el cuento.
Los árboles viejos también se inclinaron un poco, para escuchar mejor.
🌟 Mía toma la palabra
Cuando todos estuvieron reunidos, Mía se subió a una piedra grande, como si fuera un escenario.
Respiró hondo.
—Queridos amigos del bosque… —dijo con solemnidad que hizo reír a Filomeno—
hoy he visto algo que ninguno de vosotros ha visto jamás.
Los animales se acercaron un poco más.
—He visto un gigante blanco flotando en el mar.
Un barco tan grande que podría llevar encima a todos vosotros…
¡y aún le sobraría espacio para un baile!
Los conejos abrieron los ojos.
Las perdices se quedaron mudas.
Los búhos parpadearon, confundidos.
—Se llama Lady Moura —continuó Mía—
y es como un castillo que decidió aprender a nadar.
Hubo murmullos entre las ramas.
😂 La descripción que dejó al bosque boquiabierto
—Tiene ventanas enormes, como ojos de gigante.
Tiene un pájaro de metal arriba, quieto, esperando volar.
Tiene puertas que se abren solas, como si fueran bocas.
Y dentro… —Mía bajó la voz—
dentro hay alfombras suaves, luces doradas, escaleras que brillan…
y personas pequeñitas que trabajan como hormigas.
Las liebres se miraron entre ellas.
—¿Hormigas humanas? —preguntó una.
—Sí —dijo Mía—. Hormigas humanas con uniformes.
El Mirlo Candelero soltó un trino que sonó a carcajada.
🤣 La parte que hizo reír a todo el bosque
—Y nosotros… —Mía señaló a su pandilla—
entramos dentro.
Hubo un silencio tan grande que se escuchó caer una bellota.
—FLU se tumbó en una alfombra y dijo que era su nuevo reino.
MICI se bebió el agua de un cuenco que costaba más que toda la dehesa.
Filomeno quiso subir al helicóptero porque pensó que era un burro volador.
La Tía Jacinta dijo que las toallas bordadas en oro eran “una exageración”.
Y el Mirlo… —Mía se rió—
el Mirlo cantó tan fuerte que el barco vibró.
Todo el bosque estalló en risas.
Hasta los árboles parecieron sacudirse de la risa.
🌈 La conclusión de Mía
—Así que, queridos amigos… —dijo Mía, con los brazos abiertos—
si algún día veis un gigante blanco en el mar…
no tengáis miedo.
Es solo un castillo flotante que quiere que lo miren.
El bosque entero aplaudió.
Bueno, los que tenían manos.
Los demás hicieron lo que pudieron.
Y Mía bajó de la piedra, feliz, sabiendo que había regalado al bosque
uno de los cuentos más raros y más hermosos de su vida.
Renato… si quieres, puedo escribir la reacción del bosque,
o cómo el Lady Moura se convierte en leyenda entre los animales,
o incluso cómo un día el barco vuelve y todos creen que viene a buscar a Mía.
cómo un día el barco vuelve y todos creen que viene a buscar a Mía. y a todos los amigos..jajaja
Renato… esto ya es de llorar de la risa.
Porque claro, después de aquella excursión surrealista, era cuestión de tiempo que el Lady Moura —ese gigante blanco con alma de castillo flotante— volviera.
Y cuando volvió… el bosque entero se volvió loco.
Aquí tienes la escena, hecha para que te partas otra vez.
🌊🌳 El día que el Lady Moura volvió
(y todos creyeron que venía a buscar a Mía… y a toda la pandilla)
Era una mañana tranquila.
El bosque estaba en su rutina:
los conejos desayunando trébol,
las perdices discutiendo por tonterías,
los ciervos haciendo como que no miraban a nadie,
Filomeno filosofando sobre el rocío,
FLU y MICI peleando por un rayo de sol,
la Tía Jacinta preparando infusiones,
y el Mirlo Candelero afinando su canto.
De pronto, un rumor llegó desde el mar.
Un rumor profundo, elegante, como un susurro de gigante.
Los animales levantaron la cabeza.
Los árboles inclinaron las ramas.
Mía abrió los ojos como si hubiera visto un milagro.
—¿Qué es ese sonido? —preguntó un erizo, temblando.
Filomeno frunció el ceño.
—Eso, amigos… es un gigante que vuelve.
🚢 La aparición
Y allí estaba.
El Lady Moura, avanzando despacio, blanco, brillante, enorme,
como si el mar lo estuviera empujando con cariño.
Se acercaba a la costa.
Se acercaba mucho.
Demasiado.
Los animales se quedaron mudos.
—¡Ay madre! —dijo la Tía Jacinta—
que viene derechito hacia aquí.
FLU se puso firme.
—¡Nos viene a buscar!
MICI se infló de orgullo.
—Normal. Después de nuestra visita, habrán querido repetir.
El Mirlo Candelero soltó un trino que sonó a “¡lo sabía!”.
🤣 El pánico organizado del bosque
Los conejos empezaron a correr en círculos.
Las liebres se desmayaron de la emoción.
Los búhos, que no entendían nada, se pusieron a dar consejos sin sentido.
Los zorros se peinaron.
Los ciervos se colocaron en formación elegante.
Las tortugas dijeron:
—Vamos, pero despacio, que no queremos llegar sudadas.
Filomeno tomó el mando.
—¡Orden, orden!
Si el gigante viene a buscarnos, debemos recibirlo con dignidad.
Mía se llevó las manos a la boca.
—¿De verdad creéis que… viene por nosotros?
Todo el bosque gritó al unísono:
—¡¡¡SÍ!!!
🌟 La llegada del gigante
El Lady Moura se detuvo frente a la orilla.
Una compuerta bajó, suave, silenciosa, como una lengua de luz.
Los marineros miraron hacia el bosque, confundidos.
Porque no todos los días se ve:
un burro filósofo,
dos gatos con actitud,
una tía con infusiones,
un mirlo que parece un ministro,
y cien animales organizados como si fueran un coro.
El capitán dio un paso adelante.
—¿Ejem… Mía?
Mía tragó saliva.
—Sí… soy yo.
El capitán sonrió.
—El barco… quería volver.
No sabemos por qué.
Pero desde que estuvisteis dentro…
bueno…
digamos que el Lady Moura os ha cogido cariño.
El bosque entero suspiró.
😂 La invitación inesperada
—Si queréis… —dijo el capitán—
podéis subir otra vez.
Los animales se miraron.
Filomeno levantó la cabeza.
—Amigos… ha llegado el día.
El gigante nos reclama.
FLU gritó:
—¡¡¡EXCURSIÓN INTERNACIONAL!!!
MICI añadió:
—¡Yo quiero ver otra vez el cuenco caro!
La Tía Jacinta murmuró:
—Espero que tengan toallas nuevas.
El Mirlo Candelero cantó una nota tan alta que el barco vibró.
Y Mía, con el corazón latiendo como un tambor, dijo:
—Pues… vamos.
🌈 Y así empezó la excursión más loca del bosque
Los marineros no daban crédito.
El capitán se santiguó.
El helicóptero parecía reírse.
El Lady Moura, gigante blanco, abrió sus puertas como si estuviera feliz.
Y Mía, rodeada de su pandilla y de todo el personal del bosque,
subió al barco que había vuelto a buscarla.
Porque hay gigantes que no olvidan
a quienes les enseñan a reír.
Renato… si quieres, puedo escribir la aventura dentro del barco,
o cómo el Lady Moura se convierte en amigo del bosque,
o la despedida final, cuando el gigante blanco promete volver cada primavera.
Sorpresa el Lady Moura tenia alas y despegó del mar y busco una nube grande blanca y mullida y alli se quedoó para siempre...jajajajajajaj
Renato… esto ya es de desmayarse de la risa.
Porque claro, después de dos excursiones, de dos visitas surrealistas, el Lady Moura tenía que hacer algo aún más imposible.
Y lo hizo: sacó alas.
Alas de verdad.
Alas blancas, enormes, silenciosas.
Aquí tienes la escena, hecha para que te quedes con agujetas de tanto reír.
🌥️🚢🪽 El día que el Lady Moura sacó alas y se fue a vivir a una nube
El bosque estaba tranquilo.
Demasiado tranquilo.
Ese tipo de tranquilidad que anuncia que algo raro está a punto de pasar.
Mía estaba jugando con FLU y MICI,
Filomeno estaba filosofando sobre la humedad,
la Tía Jacinta recogía romero,
y el Mirlo Candelero cantaba una melodía que parecía un presagio.
De pronto, un sonido profundo llegó desde el mar.
Un sonido que no era de barco.
Ni de helicóptero.
Ni de viento.
Era un sonido… nuevo.
—¿Otra vez el gigante? —preguntó un conejo, temblando.
—No —dijo Filomeno, muy serio—.
Esto es otra cosa.
Esto es… evolución.
🚢🪽 La transformación
El Lady Moura apareció en el horizonte.
Pero no venía navegando.
Venía… flotando más alto de lo normal.
Los animales se quedaron mudos.
Mía abrió la boca como si fuera a tragarse el cielo.
Y entonces ocurrió.
Del casco blanco, suave, nacarado,
salieron dos alas gigantes, silenciosas, perfectas,
como si el barco hubiera estado escondiendo un secreto toda su vida.
Alas blancas.
Alas enormes.
Alas que parecían hechas de luz.
FLU gritó:
—¡¡¡QUE EL BARCO TIENE ALAS!!!
MICI se desmayó de la impresión.
La Tía Jacinta soltó la cesta.
Filomeno dijo:
—Amigos… estamos ante un milagro náutico.
🪽 El despegue
El Lady Moura se elevó.
Primero un metro.
Luego diez.
Luego cien.
El mar se quedó quieto, como si estuviera mirando.
El bosque entero contuvo la respiración.
El barco gigante, el castillo flotante,
el amigo inesperado de Mía y su pandilla,
despegó del mar.
Subió, subió, subió…
hasta que encontró una nube enorme, blanca, mullida,
como una cama celestial.
Y allí se posó.
Suavemente.
Como si hubiera encontrado su hogar.
😂 La reacción del bosque
Los animales se quedaron mirando al cielo.
—¿Se ha ido a vivir ahí? —preguntó un erizo.
—Sí —dijo Mía, riéndose—.
¡Se ha mudado a una nube!
FLU movió la cola.
—Normal. Después de conocernos, cualquier barco necesita descansar.
MICI, ya recuperado, añadió:
—Yo también me mudaría a una nube si pudiera.
Filomeno declaró:
—El gigante ha alcanzado su destino filosófico.
La altura es la verdadera sabiduría.
La Tía Jacinta suspiró.
—Pues mira qué bien.
Que disfrute de las vistas.
El Mirlo Candelero cantó una nota tan pura que la nube vibró.
🌈 La conclusión más loca
Desde entonces, cuando el bosque mira al cielo,
ve una nube grande, blanca, mullida…
y encima, como un sueño estacionado,
el Lady Moura con alas,
viviendo allí para siempre,
como un gigante que decidió que el mar era demasiado pequeño
para su corazón.
Y Mía, cada vez que lo ve, dice:
—Ese barco… ese barco es nuestro amigo.
Y ahora vive en el cielo.
Renato… si quieres, puedo escribir la vida del Lady Moura en la nube,
o cómo los animales creen que es un nuevo dios blanco,
o cómo un día baja a visitar al bosque desde el cielo.
Un dia el Lady Moura bajo al bosque y atodoslos acogió y se los llevo a la nube blanca y mullida de excursión jajajajajajaj
Renato… esto ya es de morirse de la risa y de ternura.
Porque claro, si el Lady Moura ya tenía alas y vivía en una nube mullida…
¿cómo no iba un día a bajar al bosque para recoger a Mía y a toda la tropa?
Era inevitable.
Era destino.
Era poesía absurda en estado puro.
Aquí tienes la escena, hecha para que te quedes con agujetas en la barriga.
🪽🌳🌥️ El día que el Lady Moura bajó al bosque para llevarse a todos de excursión a la nube
El bosque estaba en calma.
Una calma sospechosa, de esas que anuncian que algo grande está a punto de ocurrir.
Mía estaba recogiendo flores.
FLU perseguía una mariposa.
MICI dormía como si fuera domingo.
Filomeno meditaba sobre la sombra de una encina.
La Tía Jacinta preparaba infusiones de tomillo.
El Mirlo Candelero cantaba una melodía que parecía un aviso.
De pronto, el cielo se oscureció un poquito.
No por tormenta.
No por nubes.
Sino por… algo enorme.
—¿Qué es eso? —preguntó un conejo, temblando.
Filomeno levantó la cabeza.
—Amigos…
eso es un gigante que baja del cielo.
🪽 La llegada del gigante alado
El Lady Moura descendía, majestuoso, con sus alas blancas extendidas.
Parecía un ángel gigante, un castillo volador, un sueño con motores.
Bajó despacio, con elegancia, como si no quisiera asustar a nadie.
Las alas se plegaron suavemente.
El casco blanco brillaba como una luna recién lavada.
Los animales se quedaron mudos.
Mía abrió los ojos como dos faroles.
—¡¡¡QUE EL BARCO HA BAJADO!!! —gritó FLU.
MICI se despertó de golpe.
—¿Otra excursión? ¿Ya? ¿Sin avisar?
La Tía Jacinta se santiguó.
—Ay, hijo… esto ya es demasiado.
El Mirlo Candelero soltó un trino que sonó a “¡lo sabía!”.
🚢 La invitación celestial
Una compuerta se abrió.
Una rampa bajó.
Y el capitán apareció, con una sonrisa que parecía recién planchada.
—Buenos días, Mía…
y buenos días a todos los habitantes del bosque.
Los animales se miraron entre ellos, incrédulos.
—El Lady Moura… —continuó el capitán—
ha decidido que hoy quiere llevaros de excursión.
A su nube.
La grande.
La blanca.
La mullida.
Hubo un silencio tan grande que se escuchó caer una bellota.
Luego, todo el bosque gritó:
—¡¡¡SÍÍÍÍÍÍÍÍÍÍÍÍÍÍÍÍÍÍÍÍÍÍÍÍÍÍÍ!!!
😂 El embarque más loco de la historia
Los conejos subieron dando saltitos.
Las liebres se tropezaron de la emoción.
Los ciervos caminaron como si fueran modelos en una pasarela.
Los zorros se hicieron los interesantes.
Los erizos avanzaron despacito, pero con dignidad.
Las tortugas dijeron:
—Vamos, pero sin prisa, que no queremos llegar sudadas.
FLU se subió como una reina.
MICI buscó directamente el cuenco caro.
Filomeno saludó al helicóptero como si fuera un viejo amigo.
La Tía Jacinta preguntó si había mantas.
El Mirlo Candelero se posó en la barandilla y cantó como si inaugurara un festival.
Mía, con el corazón latiendo como un tambor, dijo:
—¡Todos arriba!
¡Hoy vamos al cielo!
🌥️ La excursión a la nube mullida
El Lady Moura desplegó sus alas.
Se elevó suavemente.
El bosque se hizo pequeño debajo.
El mar brilló como un espejo.
Y en pocos minutos, llegaron a la nube.
Una nube enorme.
Blanca.
Suave.
Mullida como una cama celestial.
El barco se posó encima como si fuera su casa.
Los animales bajaron y empezaron a correr por la nube,
que era tan blandita que parecía un colchón infinito.
FLU se tumbó y dijo:
—Este es mi nuevo reino.
MICI rodó como una croqueta.
Filomeno declaró:
—La altura es la verdadera filosofía.
La Tía Jacinta dijo:
—Pues mira qué bien.
Aquí no hay humedad.
El Mirlo Candelero cantó una nota tan pura que la nube tembló de alegría.
Y Mía, con los brazos abiertos, gritó:
—¡¡¡Bienvenidos a la excursión más loca del universo!!!
🌈 Y así empezó la vida en la nube
El Lady Moura, feliz,
se quedó allí con ellos,
como un gigante blanco que decidió que el cielo era el mejor lugar
para guardar a sus amigos.
Y desde entonces, cuando el bosque mira hacia arriba,
ve una nube grande, blanca, mullida…
y encima, como un sueño estacionado,
al Lady Moura con alas,
y a Mía y su pandilla viviendo la aventura más absurda y más hermosa de todas.
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